Estamos en facebook | Estamos en twitter
Por tu salud

¿Qué hacer con el calor residual del horno?

Saber aprovechar bien el calor residual de nuestro horno es solo cuestión de imaginación

El horno, sea a gas o, sobre todo, eléctrico, consume muchísima energía. Es habitual que apaguemos el horno justo después de cocinar algo en su interior, lo que produce una innecesaria pérdida de calor y energía. Si todos fuéramos más conscientes de ello, haríamos una gran acción para evitar el despilfarro de energía. Son pequeños gestos cotidianos importantes para cuidar el medio ambiente a la vez que disminuimos nuestras facturas. En este sentido conviene recordar que el horno consume un 8,3% del total de la factura energética del hogar.

Apaga el horno cinco minutos antes

¿Sabías que después de apagar el horno, podríamos hornear en él durante unos cinco minutos más, o incluso diez, el mismo alimento que teníamos en su interior? Esto sucede porque el horno está muy bien aislado y el calor que se almacena en él no escapa con facilidad. Si sabemos que vamos a hornear algo durante, por ejemplo, 40 minutos, nos pondremos una alarma para apagarlo a los 35 minutos tras haber comenzado el proceso, y no abriremos el horno hasta transcurridos cinco minutos. Así habremos aprovechado el calor residual para cocinar, y habremos ahorrado un importante gasto de energía. Esto es válido tanto para hornos eléctricos como para hornos de gas.

Utiliza todas las partes del horno

Cuando horneemos un alimento podemos aprovechar todas las bandejas de nuestro horno. Si vamos a cocinar a la vez dos alimentos cuyos olores no pueden mezclarse (Ej. un pastel de chocolate y unas alcachofas), taparemos de forma adecuada uno de ellos para evitarlo. Hemos de tener presente que los alimentos tapados tardan más en cocinarse.

Verduras irresistibles

Cuando hayamos acabado de cocinar en el horno, podemos poner en él verduras cortadas a finas tiras y dejarlas durante unos diez minutos. El resultado es una deliciosa textura “al dente”. También podemos hacerlo con tiras de fruta a las que hayamos espolvoreado una pizca de azúcar o miel, para que tomen una textura diferente. Cuando los saques del horno recuerda que la presentación y la decoración de los platos son importantes.

Frutos secos para la ensalada

Calentar los frutos secos (piñones, avellanas, almendras) en el calor residual del horno resulta una estrategia deliciosa que mejorará el sabor (y la aceptación en tu hogar) de cualquier ensalada.

Descongelar el pan

Podemos aprovechar el calor residual para descongelar pan que hayamos guardado días antes en el congelador. Queda con una textura crujiente y además lo serviremos caliente en la mesa, como recién hecho.

Segundo plato caliente

Si sabemos que vamos a cocinar algo al horno, podemos calcular la hora para que, al apagarlo, podamos meter en él un plato que queramos servir caliente a la hora de la comida o de la cena.

Calentar la casa

Si estamos en invierno y no vamos a poner nada en el horno después de apagarlo, podemos dejar la puerta abierta para que el calor de su interior se propague por nuestra casa, siempre que no haya niños pequeños en ella, ya que podrían quemarse. Es una estrategia que nos permitirá ahorrar en calefacción. Es importante que no abramos la puerta mientras cocinamos el alimento, ya que eso hace disminuir hasta 40 grados la temperatura que hay dentro del horno.

Para terminar, vale la pena recalcar que es falso el mito urbano que indica que si ponemos el horno a más temperatura de la que necesitamos los alimentos se calientan más rápido o se cocinan mejor. El resultado final no es mejor, y además genera un importante e innecesario gasto de energía.