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Por tu salud

Niños: consejos para no tirar tanta comida

Adaptarnos a sus gustos y preferencias es importante dentro del marco de la dieta equilibrada

Organizar los menús familiares es una ardua tarea, más todavía cuando hay niños. Por eso adaptarnos a los gustos y preferencias de los pequeños de la casa es importante, pero siempre desde el marco de la dieta equilibrada y variada. Así pues, la alimentación de nuestros hijos debería contener fruta y verdura a diario; asegurar un buen aporte energético con alimentos como el pan o tostadas, pastas y arroces, legumbres y otros farináceos; aportar carnes, pescados y huevos de forma moderada; y lácteos para asegurar los requerimientos de calcio.

¿Cómo planificar el menú infantil?

Una buena planificación de los menús semanales es la primera norma para evitar el despilfarro y acabar tirando comida. Una labor que parece casi imposible de lograr cuando los comensales no miden un metro y apenas pesan 15 kilos. Sin embargo, se puede conseguir.

Para ello hay que saber que organizar a conciencia la compra semanal favorece el uso de todos los alimentos de nuestra despensa y frigorífico. Ello evitará que productos que hayamos comprado, y que al final no consumamos, se desperdicien. En esta labor es fundamental valorar las necesidades de todos los miembros de la familia: qué días comen los niños en casa y cuáles no, qué días tienen actividades extraescolares y deben llevarse merienda, etc. Por otro lado, hay que tener muy presente que no deben abusar de embutidos ni de cremas de chocolates y recordar que los lácteos, aunque les gusten mucho, deben tomarse con control. De igual manera, será importante observar la planificación del menú escolar, en caso de que los niños se queden a comer en el colegio y ajustar los menús de casa. Así se logra obtener un mayor equilibrio en la dieta.

¿Y con las sobras?

A la hora de hacer la compra, es importante también prever las cantidades a adquirir según los miembros de la familia. Una medida recomendable es preparar las cantidades justas para cada comida. Así no habrá restos que guardar o tirar. En el caso de que al final sobre comida, la primera opción debe ser la de congelarla. Con este fin hay que recordar que se pueden congelar caldos, sopas, guisos, e incluso un plato de lentejas.

Con platos cocinados

Si se trata de platos elaborados, podemos evitar mezclar las salsas y reaprovechar los restos más tarde en la confección de otros platos y recetas. Por ejemplo, si ha sobrado arroz hervido se puede preparar para la noche un calabacín relleno de verduritas y arroz. De esta forma, se aprovecha el arroz al mismo tiempo que se introduce la verdura en la cena de la noche, acompañada de un alimento que suele gustar a los niños.

Aprovechar pasta, arroz y patata es una excelente idea con el fin de elaborar platos sabrosos y nutritivos para los niños. Por este motivo, agregar verduras y hortalizas a estos alimentos puede ser una buena manera de que coman lo que les gusta y lo más necesario para su organismo. Por ejemplo, los restos de verdura cocida que no se han consumido se pueden saltear con pasta para favorecer su consumo. También se puede agregar alguna salsa al plato con el fin de contribuir a mejorar su sabor y aspecto, de manera que le resulte más agradable al niño. Así pues, restos de pescado o verdura pueden mejorar salteados en salsa de tomate.

Congelar en raciones

Hay alimentos que resultan muy atractivos para los niños y que, congelados por raciones, contribuyen a que en cualquier momento y ante cualquier eventualidad se puedan comer, es el caso de las croquetas.

  • Croquetas. Se pueden preparar con restos de carnes o pollo, pero también de pescados o verduras como las setas.
  • Empanadillas. Constituyen otro de los alimentos más apropiados si el objetivo es consumir los restos: empanadillas de verduras, carnes, e incluso de jamón y queso. Prepararlas con los niños puede ser también una excelente actividad para una tarde lluviosa.